Sobre mí

   

¡Hola! Soy Silverio López Gutiérrez, el aventurero, soñador, y —por qué no decirlo— caballero algo loco que da vida a este blog.

Voy por el mundo con el alma encendida, explorando las maravillas del intelecto, con una visión empresarial apasionada, liderando con empatía, sembrando ideas y cosechando crecimiento —propio y compartido—, porque el verdadero liderazgo es el que enciende luces en otros sin apagar las propias.

Soy un soñador incorregible. Ya lo dijo alguien sabio: "de poetas y locos, todos tenemos un poco" y yo tengo la sospecha de que en mí hay un poco más de lo segundo. Por aquí ando, con el buen humor como brújula, haciendo nuevos amigos, evocando recuerdos que se quedan grabados entre acordes de bolero y carcajadas a media luz.

Enamorado del amor, de la música, de la vida… y de esas almas viajeras que —como yo— creen que vivir es una obra de arte, y amar, su expresión más sublime.

Porque lo que realmente nos hace únicos no es lo que hacemos, sino la forma en que lo sentimos. Y si de sentir se trata… yo elijo sentirlo todo: con intensidad, con locura, con elegancia… y con un toque de picardía.

    

    

Silverio: Brindis de vida, amor y lucidez

Hace seis años abrí la puerta del 6º piso, no como quien se resigna al paso del tiempo, sino como quien sube otro nivel de conciencia con una copa en la mano y la música encendida. No celebré arrugas, celebré batallas. No conté años, conté bendiciones. La piel puede arrugarse, sí, pero el alma... esa no envejece; se pule, se fortalece, se vuelve vino añejo: más intensa, más sabia, más sabrosa.

Hoy miro atrás y veo un camino sembrado de afectos: padres ejemplares que fueron brújulas cuando el mundo se nublaba, hermanos cómplices de vida, amigos que no se compran ni se venden, y un corazón que, por más cicatrices que acumule, nunca dejó de latir con esperanza.

Me he caído mil veces, sí. Pero más veces me he levantado. La vida me entrenó para eso: sacudirme el polvo, sonreír con un diente roto y seguir bailando. Porque quien sabe amar, sabe resistir. Y yo he amado como se debe: sin manuales, sin frenos, con ternura y con locura.

    

En cada etapa, he encontrado mi canción. Como ese himno vital que recita Paco Stanley en "Desiderata", o como ese grito de plenitud de Celine Dion: "I'm alive". Sí, estoy vivo. Vivo con los pies en la arena, con la mirada en la luna, con el corazón al rojo vivo. Y mientras el cuerpo obedezca y el alma cante, seguiré viviendo como vivo y amando como amo. 


A los 66, muchos creen que uno se jubila de la pasión. ¡Ingenuos! Justo ahora la vida empieza a saberse de verdad. Con menos urgencia y más conciencia, con menos ruido y más armonía. Soy un hombre con cicatrices, pero sin amargura. Con pasado, pero sin cadenas. Con futuro, pero sin prisas.

Y sí, también duele mi México. Porque cuando uno ama de verdad —una mujer, una patria, un ideal—, duele. Y el que no lo entiende, es porque no ha amado nunca. Me dueles, México, porque te quiero libre, brillante, respetado. Porque sé que podrías ser tanto… pero te distraes con tan poco.

Veo el mundo reseteándose. La inteligencia artificial, los nuevos imperios, la decadencia del sentido común. Y aquí estamos nosotros, ensimismados en chismes de banqueta y liderazgos de cartón. Pero yo no me resigno. Yo creo. Yo trabajo. Yo construyo. Como empresario, como mentor, como soñador. Porque aunque no soy China, también tengo Know How… y no pienso desperdiciarlo.

"Donde hay amor, humor y una buena melodía… siempre habrá un caballero con el alma desabotonada."


¿Quién soy?

Soy Silverio. Nieto, hijo y ahora hombre con ese nombre que suena a bolero, a leyenda, a brindis taurino y a historia familiar. Llevo el nombre como se lleva una herencia sagrada: con orgullo, con gracia y con la eterna sonrisa de quien sabe amar sin pedir permiso.

He sido aprendiz, guerrero, empresario, amante, y hasta poeta ocasional en bares donde la bohemia hace milagros. Me inspira la inteligencia, me conmueve la música, me renueva el amor y me eleva la belleza. Mi musa no tiene nombre, porque se manifiesta en cada mirada sincera, en cada palabra luminosa, en cada alma elegante que toca la mía.

Hoy, que estoy por sumar un peldaño más, no pido regalos. Pido tiempo para seguir soñando. Espacios para seguir creando. Oídos para seguir enseñando. Y ojos para seguir admirando la belleza que aún queda en este mundo que, aunque confundido, todavía se deja querer.

Porque a fin de cuentas, he aprendido que el secreto de la vida no es la perfección, sino la autenticidad. Y ahí, querido lector, Silverio es maestro.

Qué buenos recuerdos me trae el Bar 10, en Plaza Cristal de la bella ciudad de Puebla. Como tenía una de mis tiendas en esa plaza, era yo un cliente asiduo… y vaya que había razones para volver.

Entre copas discretas y canciones al oído, conservo en la memoria un momento muy especial: una noche en la que la cantante del bar —la talentosa Martha Cuevas— me regaló una interpretación única de la canción "Silverio", adaptada con picardía y elegancia a mi persona.

¡Caray! Cómo me habría gustado grabarla… Son de esos instantes que uno quisiera atrapar en una botella de cristal para abrirlos cuando el alma lo necesita. Aquella noche, su voz me hizo sentir homenajeado, envuelto en notas que sabían a historia propia, con ese aire entre bohemio y encantador que sólo tiene la música cuando toca el corazón.

La voz de Martha me recordó a la poderosa interpretación de Ana Gabriel cantando "Silverio", esa joya que honra al gran torero Silverio Pérez, el "Príncipe milagro" de la fiesta brava.
Un verdadero maestro del arte, torero, torerazo… y a su modo, inspiración de más de una generación.

Aquel momento me recordó que cada quien tiene su ruedo, su faena, y su propio aplauso.
Y esa noche, sin esperarlo… la vida me regaló el mío.

"Cada quien tiene su ruedo… y cuando el alma torea con arte, la vida le brinda ovaciones inolvidables." 

Silverio: corazón de bolero, mente de estratega, alma de soñador.

© Junio 2025 - A CONTRATIEMPO - Relatos de un Hombre al Piano
Autor - Silverio López Gutiérrez - Puebla, Puebla, México
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