La Musa y el Amor … Donde hay una mujer, hay una revolución en silencio y belleza

06.07.2025

El amor y el liderazgo comparten algo en común: ambos florecen mejor en manos de una musa.

La Musa y el Amor

A lo largo del tiempo —ese viejo sabio que te acaricia las sienes y te pule el corazón—, he visto pasar tecnologías que prometían cambiarlo todo, modas gerenciales con fecha de vencimiento, modelos de negocio que se evaporaban al primer soplo del mercado, e incluso a ciertos "gurús" que hablaban mucho y decían poco.

Pero si algo ha perdurado, si algo realmente ha transformado mis días, mi empresa y mis sueños, ha sido la intuición profunda de que lo humano siempre le gana a lo técnico, y lo sensible siempre le da sentido a lo estratégico.

En esa sinfonía de aprendizajes, el liderazgo femenino ha sido una de las notas más altas y conmovedoras que he tenido el privilegio de escuchar.

He conocido mujeres que no solo trabajan: inspiran. Que no solo resuelven: transforman. Guerreras de tacón firme y mirada clara. Compañeras, madres, socias, estrategas… Mujeres capaces de liderar una junta, salvar un proyecto y, al llegar a casa, construir un universo a base de ternura y sentido común.

Ellas no ejecutan, orquestan. No improvisan, reinventan. Donde algunos ven KPIs, ellas ven personas. Donde otros persiguen resultados, ellas tejen futuro. Y lo hacen sin perder el encanto, sin renunciar a la gracia, sin negociar su esencia.

En el corazón del Category Management —y de tantos otros mundos aparentemente fríos— vive la calidez de una visión que escucha, planifica y cuida.

Una visión que muchas veces lleva nombre de mujer.

Las empresas que lo entienden, florecen.

Las que no, se marchitan en sus propias rigideces.

Amar no es perder la razón, es afinar el alma a otra frecuencia


Mi "Musa"

Y si eso ocurre en el mundo profesional, ¿qué decir del universo íntimo?

En lo personal, he tenido la fortuna de cruzarme con mujeres que no solo dejaron huella, sino que dibujaron constelaciones enteras en mi memoria.

Mujeres con sonrisas que iluminaban más que un faro en altamar, con inteligencia que no solo razonaba, sino que deslumbraba. Mujeres que sabían decirlo todo sin hablar, y que al amar lo hacían con la elegancia de quien escribe un poema sin saber que está escribiendo uno.

Fueron, cada una, musa y espejo. Amor y aprendizaje.

Y si alguna vez perdí la cordura, fue por ese tipo de locura bendita que no duele: la que acaricia el alma y la deja nueva.

Hay canciones que lo dicen todo. Como ese himno que es "AMO" en la voz y piano de Axel:

"Amo lo que veo y lo que ocultas,
amo lo que muestras o insinúas,
amo lo que eres o imagino,
te amo en lo ajeno y en lo que es mío…"

O esa otra declaración sublime que es "Pídeme", cantada con alma de jinete por Diego Verdaguer, mientras el viento y el caballo corren detrás de una inspiración hecha carne:

"Pídeme que toque el sol con las manos,
o que cuente las arenas del desierto al caminar…
Pero no me pidas…
Pídeme que el tiempo todo se detenga,
que deje ya de respirar,
que no gire la tierra…"

Porque amar así, a una mujer o a la vida misma, es un acto de fe, de arte y de coraje.

Porque en cada musa habita una revolución.


Y porque si de algo estoy seguro es que en el arte de amar —como en el liderazgo— ellas no solo participan: fundan, impulsan y elevan.

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© Junio 2025 - A CONTRATIEMPO - Relatos de un Hombre al Piano
Autor - Silverio López Gutiérrez - Puebla, Puebla, México
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