Hay miradas q inspiran, sonrisas q guían… y locuras q nos salvan

05.07.2025

(Desde el alma de un caballero enamorado, soñador y un poquito loco...)

Desde joven descubrí que hay miradas capaces de detener el tiempo, y que unos bellos ojos, si vienen coronados por una sonrisa pícara y sincera, pueden ser la chispa que enciende el alma de un caballero. ¿Fui precoz? No lo creo… más bien fui un soñador de vocación, un loco enamoradizo que veía en cada musa no solo belleza, sino inteligencia, humor y misterio.

Recuerdo que, sin saber muy bien por qué, dibujé un cuadro de Don Quijote y Sancho Panza. Lo enmarqué con orgullo, y hasta la fecha lo conservo. Ese cuadro me recuerda que los sueños, con algo de locura, mucha voluntad y una pizca de poesía, pueden volverse realidad.

Aquellos molinos de viento —que para otros eran solo obstáculos— yo los vi como futuros proyectos. Algunos se hicieron empresa, otros quedaron como sueños... pero todos fueron cimiento. Así me fui forjando: cultivando el alma, afinando el intelecto, aprendiendo con el cuerpo, el corazón y hasta el ego. Porque sí, también fracasé, pero más veces me levanté… y lo hice con alegría y orgullo.

Ser empresario, para mí, fue siempre un acto poético con corbata, un baile entre la razón y la inspiración. Es arremangarse la camisa para hacer realidad lo que la mente imagina y lo que el alma se atreve a soñar.

En el amor —¡ay, el amor!— todo cambia. La musa no solo inspira: guía. Se convierte en mi brújula luminosa, una Luna elegante que alumbra mi horizonte emocional. Sus ojos me sacuden. Su sonrisa me alimenta. Y su presencia me vuelve compositor de sinfonías sin partitura, donde cada suspiro es un acorde, y cada latido una nota sincera.

Y entonces sucede la magia:
Sueños se vuelven vivencias.
Anhelos se vuelven recuerdos.
Y los recuerdos… se vuelven eternos.

Porque ella —la musa— supo entrar en ese rincón sagrado que llamo corazón. No por fuerza, no por promesas… sino por algo mucho más sutil: una mirada que me leyó, y una sonrisa que me abrazó sin tocarme. Desde entonces, ahí está. Ahí se quedó.

Sí, me declaro loco. Un loco enamorado.
Pero un loco con los pies descalzos en la arena, con el alma abierta al viento, y con la valentía de seguir soñando… siempre.

El amor no se explica: se baila, se canta y se agradece

Y es que hay canciones que nos delatan.

Como aquella vez que escuché por primera vez "Ave María" de David Bisbal… y sentí que la letra me había leído el alma. De pronto, sin planearlo, ahí estaba yo: cantando como adolescente atolondrado, bailando como niño con juguete nuevo.

Porque eso hace el amor: te descompone el ego y te compone la alegría.

O como cuando suena "One More Night" de Phil Collins, y uno no sabe si llorar o agradecer. Qué himno de emociones. Qué maravilla sentir que el alma late con fuerza solo por pensar en alguien.

¡Gracias, Dios mío!, por tanta locura cuerda.
Por permitir que este soñador siga enamorado de la vida, de la música, de las ideas…
y de esa musa que, sin saberlo, lo volvió poeta.

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© Junio 2025 - A CONTRATIEMPO - Relatos de un Hombre al Piano
Autor - Silverio López Gutiérrez - Puebla, Puebla, México
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